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Los niños, desde los primeros años hasta la adolescencia, pueden probar nuestra paciencia, más allá de lo imaginable. En muchas ocasiones esto se debe a que están buscando cuáles son sus límites o hasta dónde pueden llegar.
Los niños, desde los primeros años hasta la adolescencia, pueden probar nuestra paciencia, más allá de lo imaginable. En muchas ocasiones esto se debe a que están buscando cuáles son sus límites o hasta dónde pueden llegar. Aplicar la disciplina de forma positiva e inteligente, no sólo ayudará a sus hijos a conocer el límite, sino que le hará sentirse mejor como padre porque evitará que usted pierda los estribos.
Qué es la disciplina positiva
La idea detrás de este tipo de disciplina es enseñar a los niños autocontrol y autoestima, pero basándose en una comunicación respetuosa e implicando al niño en el proceso de aprendizaje sobre cuáles comportamientos son aceptables y cuáles no.
El castigo es el método tradicional que se ha usado siempre para que el niño aprendiera que algo estaba mal. A principios del siglo pasado el castigo físico se consideraba la forma en la que los niños aprendían a comportarse. Todavía algunas familias creen en este tipo de disciplina. Obviamente no es lo mismo dar un azote que una paliza, pero este tipo de disciplina en realidad lo que muestra es que el padre es el más fuerte. No hay un aprendizaje sobre el error que se cometió y por qué no hay que hacerlo. Y sobre todo, este tipo de castigos físicos crean resentimiento en los niños y les indican que golpear es algo aceptable.
La disciplina positiva trata de reforzar el comportamiento adecuado con premios o alabanzas y corregir los malos comportamientos o los errores para volver a la dinámica que se considera normal y deseable. En la aplicación de la disciplina positiva las "consecuencias" tienen un papel fundamental.
Las consecuencias
Una consecuencia es un suceso o acción que se deriva de la realización de otro. Si usted empuja un vaso de agua desde el borde de la mesa, la consecuencia será que este se caiga. El concepto de que nuestras acciones tienen repercusiones sobre las cosas y las personas que nos rodean es la base de una educación sana y sólida.
En vez de centrarse en el castigo, la disciplina positiva se basa en las consecuencias. Si un niño se sienta a cenar sin haber recogido su cuarto como le han indicado, la consecuencia es que no cenará hasta que el cuarto esté recogido. Si no hace sus tareas escolares, no podrá salir a jugar hasta que las haga.
A la hora de aplicar las consecuencias es importante que están sean proporcionales al comportamiento mostrado. Un mes sin salir de casa por no haberse lavado las manos para cenar no es proporcional. Por otra parte, cuanto más relacionadas estén estas consecuencias con el error que se cometió, más natural y lógico es el sentido de la consecuencia. Si se sale a jugar después de hacer la tarea escolar, es lógico que no se salga hasta que no esté hecha.
Establezca su lista de prioridades
Cada familia tiene sus propias reglas y lo que en una se considera aceptable, en otra no lo es. Es importante que estas reglas sean claras y consistentes para que sus hijos las conozcan de antemano, antes de no cumplirlas. Por ejemplo, si es su casa el único sitio en el que se come es en la mesa, porque no quiere comida esparcida por toda la casa, esto debe estar muy claro para sus hijos y también debe estar claro cuál será la consecuencia de no cumplir con esta norma.
Recuerde también que no se pueden pelear todas las batallas porque sería agotador. Si para usted es realmente importante que sus hijos estén listos a la hora de desayunar para no andar con carreras al salir de la casa, entonces quizás pueda quitarle importancia a que su cuarto no perfectamente recogido o a que estén viendo un poco de televisión mientras comen.
De la misma forma, aplique de forma consistente y sin excepciones las reglas que estén establecidas en su casa. En caso contrario, perderán su efectividad.
La comunicación es esencial
Cuando haya algún comportamiento no deseable con sus hijos, además de aplicar la consecuencia lógica, hable con ellos para que le expliquen por qué hicieron lo que hicieron. En ocasiones la ignorancia de ciertas cosas, u otros factores que usted no había considerado, son la causa directa del problema y no un deseo explícito de “fastidiar” o hacer las cosas mal.
Escuchar a sus hijos de forma amable, sin gritar ni juzgar, les animará a que sigan hablándole de sus vidas, de sus problemas y preocupaciones. Esta comunicación es tanto más esencial cuando se aproximan los años de la preadolescencia y adolescencia.